Once fórmulas para crear una campaña de comunicación cuando dudas qué contar sobre tu producto (marca o empresa)

Recibimos más de 3.000 impactos publicitarios al día. La labor de anunciantes y publicistas es cada vez más compleja. Aquí os dejamos algunas recetas y frases muy socorridas para superar el bache de la página (o pantalla) en blanco, y poder resolver una campaña de comunicación sin forzar en exceso la máquina neuronal:

1. ‘Más de 2.000 clientes satisfechos nos avalan’

Seguro que lo habéis escuchado más de una vez. Un clásico de la publicidad local (que, por cierto, suena a “low-cost”). “Clientes satisfechos” puede sustituirse a conveniencia por: proyectos, años de experiencia… Probad la fórmula, es válida para todo. Escoged vuestro sustantivo mágico, y tendréis justificada la promesa de venta con un argumento irrebatible.

Por ejemplo, si lo aplicamos al caso de una clínica dental, quedaría así: “Más de 2.000 sonrisas nos avalan”.

2. Con los mejores profesionales

La conclusión a la que llegamos es que España es un país de auténticos cracks, porque no hay campaña de este tipo que se precie que no hable de “los mejores profesionales”. ¿O es que hay una élite selecta de profesionales insomnes que produce para todo el País?

El caso es que si toda empresa asegura tener a estos fenómenos en nómina, la tuya no ha de ser menos.

3. ‘Con las últimas tecnologías’ / ‘con la tecnología más avanzada’

Aquí lanzamos la pregunta: ¿cuáles son esas tecnologías? Es difícil encontrar una mínima explicación de en qué consisten esas cojotecnologías que nos van a cambiar la vida. Así que, puesto que casi nadie las explica, tú no te cortes, coloca la frase.

¿Y si tu negocio es una churrería tradicional de largo abolengo, con un extractor de aspas chorreante de aceite en la puerta? Pues también.

Llevado a nuestro caso dental, con un “restauramos tu sonrisa con las últimas tecnologías” tendríamos solucionada la próxima campaña de buzoneo para la clínica anterior.

4. La campaña mesiánica

“En” tal empresa/marca “creemos que” + proyecto de salvación del mundo.

Por ejemplo: “En clínica odontológica Happy Smile creemos que el mundo debería sonreír más”. Y luego ya lo aderezamos con cualquiera de las fórmulas anteriores. Aunque, en realidad, da igual como continúe, porque después de haber leído la primera frase el receptor dejará de estar interesado en el resto.

5. La fórmula del posesivo

 ¿Os suena, no?

– “Tu seguridad, nuestro compromiso”.

– “Tu salud, nuestro compromiso”.

– “Tu futuro, nuestro compromiso”.

– “Tu ahorro, nuestro compromiso”.

– “Tus sueños…”.

– “Tu sonr… ”. ¿Os atrevéis a crear una adaptación para la clínica dental?

6. ‘ Ti ’

Centrados en ti. Nos esforzamos por ti. Muy cerca de ti. Comprometidos por ti. Creemos en ti…  Válido para un taller de coches, para un banco o para una multinacional de bebidas.

Donde va un “ti” también pueden ir un “tu futuro”, un “tu bienestar”, un “tus sueños”… y, un cómo no, “tu sonrisa”.

7. ‘Tradición y modernidad’

Un clásico oxímoron que puede hacer que el cerebro haga masilla al intentar encajar las dos palabras seguidas. La paradoja puede resolverse bien con este cliché retórico: “Tradición y modernidad se dan la mano en el asador El Fogón.”

8. ‘Respetuosos con el medio ambiente’

Muy bien. Tu empresa cumple con la ley y con su deber cívico. A cada cubo, su contenido. Y además lo acabas de demostrar dando uso de nuevo a una de las frases más recicladas hoy en publicidad.

9. ‘Soluciones integrales’

Esto tiene tufillo al ñapas de toda la vida, que lo mismo te desatasca el baño que te hace una instalación eléctrica o te repasa el gotelé, pero se amolda con la elasticidad de un blandiblú a cualquier tipo de empresa de servicios.

Es la fórmula perfecta si quieres que la gente se pregunte a qué demonios se dedica tu empresa.

10. El chiste patrocinado

Si se te ocurre una gracia o un gag cómico, úsalo y mete tu producto/marca, con calzador, si hace falta. Viene a ser algo así como un caballo de Troya publicitario.

Vemos anuncios de este tipo todos los días. Es preciso advertir al anunciante de que esta artimaña conlleva una pequeña pega: la mente no es Troya. Dejará entrar al chiste y es probable que desaloje de un puntapié a tu producto/marca si percibe que no tiene motivo para estar ahí.

11. Gente bailando

Un clásico recurso creativo para presentaciones in extremis ha sido siempre “si no sabes qué poner, pon gente sonriendo”. Hoy en día se diría que es “si no sabes que poner, pon gente bailando.” O mejor, pon un grupo de amigos cool bailando en un concierto en la playa en plena puesta de sol (vale con una banda de pega o con DJ y mesa de mezclas).

Es el recurso perfecto para colar tu discurso en el mundo “aspiracional” de los jóvenes. Todos los operadores telefonía, las marcas de gafas, de cervezas, productos de higiene íntima, refrescos, helados y muchos otros “lo avalan”.

 

Bien, y ¿ahora qué?

Pues ahora, arrojarás todo lo anterior a la papelera. Porque siempre, siempre, siempre hay algo único y relevante que contar acerca de tu producto o de tu marca. Y porque la única palabra mágica que existe en marketing y comunicación es este anglicismo: insight.

El insight es ese resorte psicológico o sociológico que debes saber descubrir en tu público (se puede tirar de investigación cualitativa, de experiencia o de intuición profesional, y siempre de mucha observación). Luego hay que saber activarlo, disparándole un producto acertado envuelto en una comunicación inteligente, relevante, veraz y original.

Así que, en aras de la rentabilidad de tu inversión, guárdate de fórmulas manidas de publicista aficionado (de cuñado creativo o de personal de imprenta/productora de vídeo metido a tal). Es bueno ventilar el terreno de juego para que tus mensajes se reciban como oxígeno.

Guárdate de copiar, de seguir modas a ciegas sin tener una justificación, y prueba no recurrir a sonrisas tan manidas como huecas, si no quieres que tu mensaje se hunda y desaparezca en la mente de su destinatario como una pieza del Tetris.

Pero, por encima de todo, como enunció muy bien Leo Burnett, recuerda que no se trata de que la gente exclame “qué gran anuncio”, sino “qué gran producto”.